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07 marzo 2013

VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES: IMPUNIDAD CRECIENTE


Mañana 8 de marzo se celebra el “Día Internacional de la Mujer” cuya primera convocatoria tuvo lugar en 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, para reclamar respeto por sus derechos humanos. Han pasado poco más de cien años y la violenta realidad aún se impone a nivel planetario: el 40% de las mujeres sufre algún tipo de violencia en sus vidas, y se calcula que, actualmente, 600 millones de mujeres viven en países en donde la violencia doméstica no es un crimen. La violencia que es física, psíquica, sexual y económica, acontece en las relaciones de pareja y en la familia, y frecuentemente, termina en suicidio o feminicidio. Las mujeres son el grupo mayoritario por excelencia ya que constituye el 52% de la población mundial, y no obstante, representa uno de los sectores sociales mayormente violentados. Justo ahora, la ONU está tratando de consensar, para la próxima semana cuando concluirá la 57 sesión de su Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, una declaración que sirva como instrumento para avanzar en la prevención de todas las formas de violencia de género. Sin embargo, países como Irán o Rusia han manifestado su desacuerdo con la afirmación de que: “la religión, las costumbres y las tradiciones no deben ser una excusa para que los gobiernos respondan a la obligación de eliminar la violencia contra las mujeres”. Es necesario reiterar, una y otra vez, que la violencia contra las mujeres es una cuestión de derechos humanos, y que no tiene nada que ver con la cultura, la religión, las costumbres o las tradiciones.



En la India es asesinada una mujer cada 90 minutos, en Guatemala dos mujeres son asesinadas diariamente en promedio, en Sudáfrica una mujer es asesinada cada 6 horas por su pareja, y qué decir de los feminicidios en México que van escandalosamente en aumento. En Chihuahua, Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Sinaloa, Guerrero y Sonora es en donde, sobre todo a partir de 2008, se aprecia un notable incremento de hechos violentos contra las mujeres. En nuestro país dos de cada tres mujeres han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. De acuerdo con el “Estudio Nacional sobre las Fuentes, Orígenes y Factores que Producen y Reproducen la Violencia contra las Mujeres”, presentado en el Senado de la República hace unos días, y que fue elaborado por la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, el riesgo de muerte por homicidio se incrementó en estas entidades entre un 200 y un 400 por ciento en los últimos años. Al mismo tiempo, los fallecimientos de mujeres por golpes se incrementaron de 8.2 a 18.7 por ciento.


La igualdad de género es muy difícil de lograr en nuestras sociedades porque siguen existiendo niveles inadmisibles de violencia contra las mujeres. Históricamente, su situación ha sido de un gran rezago en los diferentes espacios de la vida social, además de que padecen una amplia gama de discriminaciones que van desde la indiferencia, el rechazo y el desprecio, hasta el sexismo y la misoginia. Las mujeres son víctimas de múltiples prejuicios, estigmas y estereotipos como formas de dominación en las sociedades patriarcales. Es un fenómeno esencialmente antidemocrático porque vulnera los principios de solidaridad, equidad e inclusión produciendo barreras sociales y privilegios en base al sexo.


La violencia de género es un tipo de violencia física o psicológica ejercida contra cualquier persona sobre la base de su sexo, que impacta de manera negativa su identidad y bienestar social, físico y mental. La violencia contra las mujeres presenta distintas manifestaciones e incluye actos que causan sufrimiento, daño, chantajes, amenazas, coerción y privaciones de su libertad. La violencia de género es un problema que puede incluir asaltos o violaciones sexuales, prostitución forzada, explotación laboral, el aborto selectivo en función del sexo, infanticidio femenino, tráfico de personas, y violaciones sexuales durante períodos de guerra, entre otros. Quizá uno de los campos en donde la desigualdad humana se manifiesta prepotentemente es en la relación entre los géneros, y tiene que ver con el conjunto de características psicológicas, políticas, económicas, sociales y culturales asignadas a los sujetos según su sexo biológico. Lo anterior significa que lo que es válido y obligatorio para ellos, es inaceptable y prohibido para ellas y viceversa. De esta manera, se crea y reproduce la primera y más profunda de las desigualdades entre las personas representada por la inequidad de género, en la que confluyen todas las desigualdades sociales. La ONU sostiene que la comunidad mundial tiene a su disposición recursos, conocimientos y tecnologías con las que es posible fomentar el desarrollo humano a condición de que se promueva la equidad de género. Los mexicanos debemos reconocer como principios fundamentales la igualdad entre los sexos y los derechos de la mujer, así como castigar cualquier tipo de violencia en su contra.